Antes de leer: debo advertir que lo escribí ya hace tiempo, tiene errores de los cuales me arrepiento, y el final está poco elaborado, no obstante, es muy entretenida y divertida.
Empieza con una leyenda que cuenta un profesor. A la mañana siguiente desaparece y......
AQUÍ OS LA DEJO, MAÑANA TENDREIS EL SIGUIENTE CAPÍTULO:
PRIMERA PARTE: DESAPARICIÓN
C
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uenta la leyenda, que en el reino de Sheridan, gobernaba una princesa muy hermosa llamada Helena. Todas las personas la querían porqué ayudaba a todos aquellos que necesitaban ayuda: daba dinero a los pobres, curaba a las personas enfermas...
Helena tenía un hermano de nombre Wulfric. Él le envidiaba profundamente ya que la gente solo la quería a ella.
Así que una noche, mientras todos dormían en palacio, Wulfric hizo un conjuro utilizando la magia negra, y una figura con túnica negra apareció: era la Muerte. Wulfric le ordenó que se llevara la buena alma de su hermana Helena, y así lo hizo, dejando a la princesa solo con un alma malvada. Entonces, su pelo rubio y sus ojos azules se transformaron de color negro como si se tratara de un pozo sin fondo, y su hermosa sonrisa desapareció para siempre...”
Sonó el timbre. La última clase del día había finalizado. Todos los alumnos de 3º B del instituto estaban recogiendo. Todos excepto un chico de quince años, cuyo pelo era castaño claro y brillante, sus ojos color azules y tenía una nariz respingona. Se llamaba Larry Morrison. Era muy callado y no tenía amigos. Vivía con sus padres en una casa bonita de una ciudad situada a treinta quilómetros de Londres. Sus padres casi nunca estaban en casa, ya que siempre estaban trabajando.
Los alumnos abandonaron la clase y Larry y el profesor de historia, de nombre Jenkins, se quedaron en clase. Mientras el profesor recogía, fue interrumpido por Larry.
- ¿ Y qué más pasó?- preguntó Larry.
- Ahora tengo una reunión, ya te lo diré el próximo día.
- Pero no puedo esperar, ¿ cómo finaliza la historia?
El profesor Jenkins parecía cansado. Pero al final optó por contarle el final de la historia.
- Ah....-suspiró y continuó.-, pues que Wulfric gobernó en el reino de Sheridan y su hermana Helena se convirtió en su malvada ayudante.
Por la noche, Larry y sus padres estaban cenando y su madre le preguntó:
- ¿Qué has hecho hoy en clase?
- Ey... lo de siempre. Como siempre todo bastante aburrido. Excepto que en clase de historia el profesor Jenkins nos ha leído un texto muy antiguo sobre la leyenda de un reino de fantasía llamado Sheridan.
- Eso son tonterías. Deja atrás la fantasía y céntrate en los estudios, que ya casi empezarán los exámenes finales.- gruñó su padre.
- Está bien...- le respondió Larry triste.- Me voy a mi habitación.
A la mañana siguiente Larry tenia clase de historia. Pero el profesor no fue ese día al instituto.
Pasaron las semanas y seguía sin ir a clase. Larry que era muy curioso decidió preguntarle a su tutor que le había pasado al profesor Jenkins. Pero su tutor le respondió:
- No lo sé. Desde el último día que vino, ningún profesor sabe nada de él.
Por la tarde Larry tenía que estudiar. Pero su cabeza le daba vueltas. Solo pensaba en porqué el señor Jenkins no iba a clase. Así que decidió ir a su casa para ver si él estaba allí.
Cogió su bici roja y se fue rápidamente. Hacía calor, pero eso a Larry no le extrañó – ya estaban en el mes de junio -.
A dos manzanas de la casa del profesor, se encontró a una niña llorando. No debería llegar a los cinco años y su pelo era corto y negro. Larry le preguntó:
- Oye, ¿te puedo ayudar con algo?
La niña empezó a llorar otra vez desconsoladamente. Entonces Larry la tranquilizó. Y le volvió a preguntar:
- ¿ Qué te pasa ?
- Pues que... hace un momento... estaba con mi hermana mayor comprando el pan... y he visto por la calle un globo muy chulo y entonces lo he seguido y me he perdido. Y ahora no encuentro a mi hermana – volvió a llorar-.
- Tranquilízate. Vamos a buscar a tu hermana.
Larry cogió de la mano a la niña y se fueron en busca de su hermana. Recorrieron diversas calles y al cabo de diez minutos de repente apareció su hermana mayor corriendo hacia ella y le dijo emocionada:
- Molly, ¿dónde estabas? Llevo media hora buscándote. Me has dado un susto de muerte.
Ella debería tener también quince años. Era delgada, alta, tenía el pelo negro (como su hermana pequeña), muy largo y ligeramente ondulado al final. Larry se sonrojó. Al primer momento que la había visto se enamoró profundamente de ella.
- Vi por la calle un globo muy bonito y empecé a seguirlo y me perdí. Pero gracias a que este chico me encontró en la calle llorando, he podido reencontrarme contigo – le respondió Molly-.
Su hermana mayor se giró hacia Larry y le dijo:
- Muchas gracias por esto – estaba tan contenta que le abrazó, provocando que el corazón de Larry batiera con fuerza-. ¿ Cómo puedo agradecértelo?
- No hace falta que me lo agradezcas de ninguna manera.
- Sí que hace falta. Ven a mi casa a merendar. No está muy lejos de aquí.
- De acuerdo.
Por el camino surgió una conversación. La hermana mayor de Molly le preguntó a Larry:
- ¿ Cómo te llamas?
- Yo me llamo Larry. ¿Y tú?
- Yo soy Alexia, tengo quince años. Y esta es – señaló a su hermana pequeña – mi hermana Molly. Nos acabamos de mudar. Venimos de Londres.
- Ahhh... eso explica que nunca te haya visto en el instituto.- dijo Larry.
Llegaron a casa de Alexia en cinco minutos. Era un lugar bastante acogedor con un jardín delantero. En la casa por dentro había aún muchas cajas de mudanza. Entonces mientras Larry observaba la casa apareció una mujer bastante parecida a Alexia, que debería ser su madre. Ésta última le dijo:
- Este es Larry. Un amigo mío. Le he invitado a merendar.
Así que su madre se giró hacia él y le preguntó:
- Encantada de conocerte. ¿ Quieres un poco de brownie?
- Vale. Muchas gracias.
Pasaron una velada encantadora. Estuvieron hablando y merendando toda la tarde. Larry descubrió que el padre de Alexia se había divorciado de su madre hacía ya dos años.
Se hizo de noche y Larry se fue a su casa. Antes de irse Alexia le preguntó:
- ¿Mañana quieres que quedemos?
- ¡¡Sí!!
De vuelta a su casa había olvidado dos cosas importantes. La primera que había salido para ir a casa de su profesor. Y la segunda, que mañana tenía el último examen del curso. Larry pensó que antes del examen tenia clase de historia. El profesor Jenkins estaba desaparecido, o sea, tenía una hora para estudiar. Y también pensó que mañana por la tarde iría en compañía de Alexia a investigar a casa de su profesor.
Esa noche Larry no pudo dormir. Se repetía constantemente las palabras de Alexia “¿Mañana quieres que quedemos?”. Estaba emocionado. No solo porque tenía una amiga. También porque estaba muy enamorado de ella.
El despertador sonó a las siete y cuarto. Como siempre. No había pegado ojo en toda la noche. “Hoy será un largo día” – pensó Larry-.
Fue directamente a su baño para arreglarse. Su pelo estaba muy desordenado y sus ojos presentaban ojeras. Se peinó, se lavó la cara y los dientes, y se fue a desayunar. Mientras, su madre le preguntó:
- ¿Has estudiado para el examen de hoy?
- Sí, mama – Larry le mintió. Estudiaría la hora antes del examen-.
Durante el día tuvo Matemáticas, Educación Física, Biología, Historia (el profesor Jenkins aún no había vuelto), después el examen, y por último Lengua.
Acabaron las clases. Comió. Hizo los deberes. Y se fue a casa Alexia. Llamó al timbre y ésta le abrió.
- Hola Larry. ¿Qué tal?
- Muy bien. Por fin he acabado el último examen del curso. Te tengo que contar una historia.
- Vale, entra y me la cuentas.
En la casa no habían ya cajas. Subieron las escaleras y entraron a la habitación de Alexia. Las paredes era de color violeta oscuro colgados en ellas posters de actores y cantantes adolescentes, que a las chicas de su edad les gustaban tanto, su cama era blanca y pequeña, tenía un escritorio con un ordenador portátil, y a la izquierda había un armario grande.
Alexia trajo una silla y le dijo:
- Siéntate y cuéntamelo.
- Vale – se sentó y empezó a relatar la historia -.
Le contó lo que había vivido este último mes: la historia del profesor sobre una princesa y su cruel hermano, la misteriosa desaparición del profesor, los exámenes finales, todo. Acabó de relatar y Alexia le contestó:
- Que historia tan extraña. Y, ¿para que querías contármela?
- Quiero que me ayudes con una cosa. Esta tarde iremos a casa del profesor Jenkins para investigar su extraña desaparición.
- De acuerdo. ¿Sabes donde vive?- preguntó ella.
- Sí. – le respondió Larry.
- Vámonos. Mi madre hoy no vuelve a casa hasta las nueve porqué está trabajando. Y mi hermana está en Londres con mi padre.
Eran las cinco y media de la tarde cuando los dos amigos llegaron a su casa. Por fuera no había nada sospechoso. A Larry se le ocurrió entrar por una ventana trasera que por suerte estaba abierta.
Entraron. La casa estaba muy oscura. Hacia olor a humedad. Para el calor que hacia fuera, en la calle, dentro hacia una temperatura bastante fría.
En el salón todo parecía normal. Igualmente la cocina y el baño. Solo quedaba un sitio por investigar: su habitación.
La habitación estaba al fondo de un pasillo oscuro y largo. Alexia, que era muy lista, cogió antes en su casa un linterna. La encendió. Buscó un interruptor de la luz y lo encontró. Presionó pero no se encendió ninguna luz. Probó con otro y pasó lo mismo. No había electricidad en esa casa y eso hizo que los pelos de Larry se le pusieran de punta.
Llegaron con la ayuda de la linterna a la habitación. Solo había una cama y un escritorio lleno de papeles. Empezaron a leer. Papeles en blanco, exámenes por corregir, facturas, apuntes de clase. Larry de repente leyó un titulo en un papel que hizo que su corazón latiera con fuerza: “Leyenda de la princesa Helena y su hermano Wulfric”.
De repente Larry gritó:
- Alexia, ¡mira lo que he encontrado!
- ¿ Qué es?- preguntó ella.
- Es la leyenda que nos leyó el profesor el último día que vino a clase. La cojo y nos vamos a mi casa a leerlo.
Estaba comenzando a anochecer cuando llegaron a casa de Larry. Se sentaron en la mesa del comedor y empezaron a leer. Estaba todo en latín, debido a su antigüedad. Entraron en el traductor de Internet. Lo tradujeron. Eran las mismas palabras que el profesor había dicho, excepto el final de la historia, en el que ponía en letra más pequeña:
Quis recitabit magna maledictio cadit.
Los dos amigos se miraron profundamente cuando tradujeron esta última parte. La traducción era: Quién lo lea en voz alta le caerá una gran maldición.
- Eso explica que tu profesor haya desaparecido – dijo Alexia.
- Tienes razón. Lo leyó todo en voz alta y justamente ese mismo día desaparece – le respondió Larry.
- Tenemos que decírselo a la policía.
- No, no nos creerán.
- Tienes razón.
Se hizo tarde y Alexia se fue a su casa.
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